Energía Nuclear: Reactor RA-10 y exportación de bienes y servicios, Ramos Napoli detalló la estrategia de la política nuclear

El secretario de Asuntos Nucleares de la Nación dio detalles sobre el reactor RA-10, la creación de una empresa mixta, la incorporación de capital privado y el futuro de la industria nuclear nacional. También anticipó la agenda argentina en la reunión anual de la OIEA en Viena y la oportunidad de exportación de servicios.

Federico Ramos Napoli, abogado de 32 años, fue director de Dioxitek y hoy es el Secretario de Asuntos Nucleares de la Nación.

El reactor RA-10 entró en una etapa decisiva después de años de demoras y bajo ritmo de ejecución. El reactor multipropósito, propiedad de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), comenzó a tomar forma constructiva entre 2014 y 2016 y tenía originalmente una fecha de finalización prevista para 2019. Tras sucesivas postergaciones, durante la gestión anterior se fijó como nuevo horizonte el año 2023, plazo que tampoco se cumplió. Al asumir el gobierno de Javier Milei, el ritmo de ejecución heredado proyectaba que la obra podía extenderse hasta 2029, 2030 o incluso más

En una extensa charla exclusiva con Energy Report, Federico Ramos Napoli, secretario de Asuntos Nucleares de la Nación, explicó el cambio de estrategia aplicado sobre el proyecto y detalló para qué servirá el RA-10: producción de radioisótopos, dopaje de silicio, ensayo de materiales y capacidades para investigación y desarrollo. Según explicó, el reactor pasó de tener aproximadamente la mitad del montaje realizado a alcanzar cerca del 96% en menos de dos años. El funcionario también planteó la necesidad de separar las actividades comerciales de aquellas vinculadas con la investigación que debe preservar la CNEA.

El punto más sensible es el futuro modelo de operación. Ramos Napoli remarcó que el objetivo es crear una empresa de capitales mixtos, con participación privada y de la CNEA, para explotar comercialmente determinadas capacidades del reactor y generar ingresos para la Comisión. En paralelo, anticipó que Argentina llegará a la Conferencia General del OIEA en Viena con una agenda centrada en cooperación, búsqueda de socios y expansión internacional de las capacidades nucleares argentinas.

Periodista: ¿Qué pasó con el RA-10 y por qué se decidió cambiar la estrategia?

Federico Ramos Napoli: El RA-10 empezó a concebirse en 2008 y las obras comenzaron entre 2015 y 2016. Originalmente se esperaba terminarlo en 2019, después se postergó a 2021 y luego a 2023. Cuando asumió esta gestión, vimos que el avance mensual era demasiado bajo. A ese ritmo, el reactor podía terminarse recién en 2029, 2030 o incluso después.

Había dos problemas. Uno propio del proyecto, porque no alcanzaba un avance mensual suficiente, y otro estructural de la CNEA: demasiados proyectos simultáneos con poco capital asignado a cada uno. Cuando un proyecto recibe apenas lo necesario para sostener sus costos fijos, el avance cae todavía más.

Durante los primeros meses de gestión trabajamos sobre ese problema y, hacia fines de 2024, logramos una adenda con INVAP, que es el principal contratista del proyecto, para sostener un nivel de avance mayor. El resultado fue muy significativo: la parte más compleja del montaje pasó de alrededor del 50% a cerca del 96% en menos de dos años.

Periodista: ¿De quién es el RA-10 y qué va a permitir hacer?

F.R.N.: El RA-10 es de la Comisión Nacional de Energía Atómica. Es un reactor multipropósito, no un reactor destinado a generar electricidad. Tiene cuatro grandes áreas de utilización. La primera es el dopaje de silicio de calidad nuclear, que es un insumo crítico para la industria electrónica y tiene aplicaciones, entre otras, en la movilidad electrificada.

La segunda es la producción de radioisótopos. Hoy, con el RA-3, Argentina produce aproximadamente entre 400 y 500 curies semanales de molibdeno-99. Con el RA-10 podemos llegar a unas 3.000 curies semanales, entre cinco y seis veces más. También podrá producir lutecio-177 e iridio-192, tanto para aplicaciones medicinales como industriales, y deja posiciones de irradiación disponibles para incorporar otros radioisótopos en el futuro.

La tercera capacidad es el testeo de materiales, incluso elementos combustibles. En su momento, por ejemplo, hubo combustibles de Atucha II que tuvieron que enviarse a Francia para ser calificados. Con el RA-10, esa capacidad podrá realizarse en Argentina.

Y la cuarta está vinculada con el laboratorio de haces neutrónicos y las capacidades de investigación y desarrollo. Esta última función es particularmente importante para la CNEA.

Periodista: ¿Por qué esas capacidades comerciales requieren una empresa?

F.R.N.: Porque tres de esas cuatro áreas pueden vincularse perfectamente con una prestación comercial. El modelo actual de operar un reactor de esta complejidad con la estructura de costos, compras y procedimientos de compra de la CNEA no funciona con los plazos que requiere una actividad productiva. La CNEA tiene que preservar sus capacidades de investigación, pero una cosa es investigar y desarrollar conocimiento y otra es operar un activo que produce bienes y servicios comercializables. Por eso tenemos que encontrar una estructura institucional acorde con cada actividad.

La propia historia del sector muestra ese camino. Las centrales nucleares pasaron a Nucleoeléctrica, la conversión de uranio tuvo su desarrollo empresarial a través de Dioxitek y otras capacidades tecnológicas terminaron dando lugar a empresas como INVAP. Argentina incluso exportó reactores de investigación. El OPAL, en Australia, se desarrolló con tecnología argentina y fue exportado por INVAP.

Periodista: ¿Cómo será esa nueva empresa y qué participación tendrá el sector privado?

F.R.N.: La idea es constituir una empresa de capitales mixtos. La Ley 24.804 establece que la CNEA debe conservar una acción de oro con poder de veto sobre determinadas cuestiones, independientemente de que tenga una participación mayoritaria o minoritaria. Por ejemplo, puede impedir que se interrumpa una actividad determinada.

Periodista: ¿Ya hay empresas privadas interesadas?

F.R.N.: Sí. El interés tiene sentido porque el mercado de radioisótopos tiene una demanda creciente. El radioisótopo es el insumo que después puede transformarse en un radiofármaco para aplicaciones médicas, por ejemplo para diagnóstico y detección de tumores. Estamos trabajando en un pliego que establezca estos parámetros. No se trata de una invención argentina, sino de llevar el RA-10 a un modelo operativo que ya funciona en distintos lugares del mundo.

Periodista: ¿Cuánto costó el RA-10 y cuánto capital adicional se necesita?

F.R.N.: El costo del reactor está en el orden de u$s500 millones a u$s600 millones. Pero hay que diferenciar el costo de construcción de la necesidad de capital para desarrollar su explotación comercial. Para maximizar la producción de radioisótopos y avanzar con la planta asociada se requiere una inversión adicional del orden de u$s200 millones, dependiendo de la escala y de los radioisótopos que se busque producir. Si esa inversión supera el umbral correspondiente, podría analizarse también el encuadre dentro del RIGI.

Además, el costo operativo del RA-10 estará entre u$s14 millones y u$s18 millones anuales. La CNEA tiene un presupuesto que ronda los u$s150 millones, por lo que no resulta razonable comprometer entre 10% y 12% de sus recursos solamente para operar este reactor. La alternativa es que la empresa genere ingresos a partir de la venta de radioisótopos, silicio dopado y servicios. La CNEA, como accionista, recibiría dividendos y, al mismo tiempo, podría disponer de las instalaciones necesarias para investigación y cooperación técnica con un costo operativo mucho menor.

Periodista: ¿Por qué se está diciendo este modelo para el RA-10?

F.R.N.: Estamos haciendo que el reactor, para los fines que la CNEA tiene que cumplir, pueda funcionar de la forma más económica posible y, al mismo tiempo, buscamos que la actividad crezca. Para que la actividad crezca necesitás capital, y ese capital puede venir de un socio privado. Esto permite que Argentina tenga un rol importante en la cadena de valor de los radioisótopos, que la CNEA obtenga recursos por su participación accionaria y que, además, pueda utilizar un activo tecnológico de primer nivel para investigación y desarrollo. El reactor seguirá siendo de la CNEA. Lo que se concesionará será su explotación para determinadas actividades comerciales, preservando para la Comisión las instalaciones y capacidades necesarias para investigación y cooperación técnica.

Periodista: ¿Qué modelo internacional tienen en cuenta para este esquema?

F.R.N.: El modelo de gestión estatal pura del sector productivo nuclear prácticamente no prosperó en el mundo. Los distintos países fueron buscando formas institucionales que incorporaran empresas, capital privado o esquemas de gestión más eficientes.

En Francia, por ejemplo, el antiguo Comisariado de Energía Atómica fue desprendiendo actividades que terminaron conformando grandes empresas como EDF, Framatome y Orano. En Estados Unidos, después de la desaparición de la Atomic Energy Commission en 1974, los laboratorios nacionales adoptaron modelos de gestión en los que el Estado mantiene la propiedad pero consorcios de empresas y universidades participan de la administración. El punto central es entender qué tecnología de gobierno es adecuada para cada actividad.

La CNEA debería concentrarse especialmente en investigación y desarrollo temprano, observación tecnológica, formación de recursos especializados y cooperación técnica internacional, mientras que determinadas actividades productivas pueden tener una estructura empresarial.

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