Venezuela podría diversificar su matriz eléctrica con nueva generación solar y eólica, sistemas BESS y recursos distribuidos próximos a los centros de consumo, en un escenario donde las estimaciones sitúan el costo de las dos primeras tecnologías en hasta USD 100/MWh.
Los cálculos compartidos por Emiro Vásquez, consultor de energía, establecen un rango aproximado de USD 45 a 100/MWh para una nueva planta solar fotovoltaica y de USD 45 a 100/MWh para nuevos proyectos eólicos. La rehabilitación hidroeléctrica partiría de un nivel inferior, entre USD 25 y 60/MWh.
Sin embargo, el diferencial económico no determina por sí mismo qué inversiones resultan más convenientes. Disponibilidad, capacidad firme, calidad del suministro, plazo de ejecución, cercanía a la demanda, transmisión, mantenibilidad, acceso a repuestos y resiliencia climática condicionan el valor efectivo de cada alternativa, sobre todo para consumidores industriales.
“No se trata solamente de instalar MW, sino de entregar energía con calidad cuando el sistema y la producción la necesitan”, manifestó Vásquez.
Para una fábrica o instalación que trabaja de forma continua, una interrupción o las variaciones de voltaje y frecuencia pueden incrementar el costo real del abastecimiento, incluso cuando la fuente elegida presenta inicialmente un menor precio por MWh.
El planteamiento apunta así a recuperar parte de la infraestructura disponible y, en paralelo, reducir la dependencia de una única tecnología mediante nueva capacidad y soluciones descentralizadas.
“Mi posición no es sustituir la hidroelectricidad. Venezuela necesita conservarla, rehabilitarla y complementarla”, sostuvo.
La discusión coincide con un momento particular para el mercado venezolano. Una reforma de la Ley Orgánica del Sistema y Servicio Eléctrico avanzó en 2026 con el objetivo de habilitar una mayor participación privada y mixta en actividades de generación y comercialización, abriendo una nueva ventana para proyectos de infraestructura energética.
El nuevo escenario regulatorio podría resultar especialmente relevante para instalaciones solares, eólicas, híbridas y de almacenamiento vinculadas a grandes consumidores, particularmente aquellos que necesitan reforzar su abastecimiento sin incrementar la presión sobre una red con restricciones operativas.
Más que generación: el desafío de trasladar la electricidad
La disponibilidad de recursos tampoco garantiza que toda la electricidad producida pueda llegar hasta los centros de consumo, por lo que la infraestructura de transporte aparece como otro de los condicionantes para definir la expansión de la matriz.
Un análisis reciente difundido por Energía Estratégica apunta a que el Bajo Caroní dispone de casi 10 GW de capacidad hidroeléctrica operativa, mientras el sistema troncal de transmisión en 765 kV habría sido diseñado para transportar alrededor de 7 GW. La diferencia estaría potencialmente entre 2 y 3 GW, condicionada por las limitaciones de evacuación.
El cuello de botella expone la necesidad de coordinar cualquier incorporación de capacidad con inversiones en transmisión, distribución, control y demanda localizada, de modo que los nuevos MW puedan traducirse efectivamente en suministro aprovechable.
Entre los obstáculos identificados por Vásquez aparecen el mantenimiento diferido, la indisponibilidad de unidades, el deterioro de transmisión y distribución, las limitaciones de protección, control y supervisión, la falta de repuestos y soporte tecnológico y la pérdida de conocimiento especializado.
El consultor también advirtió sobre la ausencia de información pública suficientemente confiable para planificar, junto con dificultades de financiamiento, contratación y continuidad de los proyectos. A su criterio, la recuperación requerirá además una gobernanza técnica basada en indicadores auditables.
El estado de los activos abre otra discusión para las inversiones: cuándo resulta conveniente rehabilitar infraestructura existente y en qué casos desarrollar instalaciones desde cero presenta mejores condiciones técnicas y económicas.
“Posiblemente es más fácil y más rentable instalar nuevo que reparar”, señaló Vásquez.
La definición no implica abandonar la capacidad disponible, sino evaluar individualmente qué instalaciones justifican una rehabilitación y combinar esa recuperación con nueva generación, considerando costos, condición técnica, disponibilidad de componentes y desempeño esperado.
“Rehabilitar es avanzar; pero diversificar es acelerar”, resumió.
Solar, eólica y BESS cerca de la demanda
La descentralización aparece como otro componente de la estrategia. Acercar la generación solar y eólica a los puntos de consumo permitiría abastecer ciudades, industrias, campos petroleros, sistemas de agua, hospitales y comunidades alejadas, al tiempo que reduciría parte de la dependencia de grandes centros productores.
Esta configuración también podría disminuir pérdidas de transmisión y facilitar el despliegue de microrredes con capacidad para operar temporalmente de forma autónoma cuando se produzcan incidencias sobre el sistema principal.
El esquema complementaría tanto la red troncal como las centrales hidroeléctricas y permitiría reducir la exposición a fallas centralizadas, particularmente en instalaciones donde una interrupción tiene consecuencias directas sobre la producción o la prestación de servicios esenciales.
“La diversidad energética en Venezuela es fundamental, por lo que el Costo de la Energia Renovable no sería representativo para el beneficio de la productividad 24/7 de cualquier industria”, afirmó el consultor.
Para esos grandes consumidores, el parámetro económico debe contemplar el costo de las interrupciones, la calidad de la electricidad recibida y la posibilidad de sostener procesos durante las 24 horas, además del precio directo de generación.
Los sistemas Battery Energy Storage Systems (BESS) adquieren relevancia dentro de esa configuración, aunque su dimensionamiento y localización deben responder a problemas operativos concretos y no a una incorporación generalizada sin una aplicación definida.
“Los sistemas BESS sí pueden aportar valor, pero deben instalarse donde resuelvan una necesidad concreta”, precisó Vásquez.
Entre sus potenciales funciones se encuentran estabilizar frecuencia y voltaje, suavizar las variaciones solares y eólicas, respaldar cargas críticas, formar microrredes, atender picos de demanda y apoyar el arranque en negro.
“Las baterías no generan energía; almacenan, desplazan y mejoran la calidad de la energía disponible”, explicó.
Por esa característica, la viabilidad de cada proyecto dependerá de la duración requerida, el perfil de consumo, la potencia necesaria, la fuente renovable asociada y la función específica que deba cumplir el almacenamiento.
La combinación con fotovoltaica cobra particular importancia en instalaciones con demanda continua, donde las baterías pueden desplazar parte de la producción hacia periodos sin radiación y ofrecer servicios adicionales sobre cargas sensibles.
“En una Industria que opera 24/7, es fundamental la instalacion de BESS alineada con la energia solar”, sostuvo Vásquez.
Esta configuración permitiría ampliar el aprovechamiento de la generación fotovoltaica, gestionar determinados picos de consumo y proporcionar respaldo a procesos críticos, según el diseño técnico y las necesidades de cada usuario.
Cinco acciones para ordenar las inversiones
A partir de este diagnóstico, Vásquez definió cinco líneas prioritarias para fortalecer el sistema venezolano y generar condiciones para incorporar nueva infraestructura de forma ordenada.
La primera consiste en realizar un diagnóstico técnico independiente y auditable de generación, transmisión y distribución, que permita determinar el estado efectivo de los activos, su disponibilidad y los principales puntos que requieren intervención.
La segunda contempla la recuperación de capacidad hidroeléctrica, termoeléctrica y eólica mediante mantenimiento y rehabilitación, priorizando aquellas instalaciones donde la intervención resulte técnica y económicamente justificable.
El tercer frente se concentra en modernizar la transmisión, protecciones, control, medición y los sistemas Supervisory Control and Data Acquisition (SCADA), componentes necesarios para elevar la visibilidad operativa y gestionar una red con mayor participación de recursos variables y descentralizados.
Como cuarta acción, el consultor propone impulsar proyectos piloto solares, eólicos y BESS próximos a cargas industriales, servicios esenciales y zonas vulnerables, con el objetivo de evaluar su comportamiento bajo condiciones locales antes de avanzar hacia despliegues de mayor escala.
La quinta línea requiere un marco estable para la inversión, contratación transparente, formación técnica y seguimiento mediante indicadores de disponibilidad, confiabilidad, calidad y costo.
La apertura regulatoria hacia actores privados podría contribuir a esa agenda. La reforma eléctrica discutida durante 2026 contempla mecanismos para permitir una mayor participación de capital privado y empresas mixtas, mientras las industrias de consumo intensivo podrían convertirse en una de las primeras fuentes de demanda para nuevos desarrollos.
Para desarrolladores renovables y proveedores de almacenamiento, este escenario podría generar oportunidades en generación destinada a grandes consumidores, autoconsumo, microrredes y configuraciones híbridas, aunque el alcance efectivo dependerá de cómo se implemente el nuevo esquema regulatorio.
En paralelo, la existencia de entre 2 y 3 GW hidroeléctricos potencialmente condicionados por la capacidad de transmisión refuerza la necesidad de coordinar inversiones en generación con redes y demanda próxima a los centros productores.
Los rangos estimados de USD 45 a 100/MWh para solar y nueva eólica, frente a los USD 25 a 60/MWh de una rehabilitación hidroeléctrica, constituyen así una referencia inicial para evaluar proyectos, pero deben analizarse junto con la disponibilidad efectiva que cada solución pueda ofrecer.
La decisión final dependerá de la ubicación de los activos, capacidad de evacuación, requerimientos de continuidad del consumidor, almacenamiento necesario y condición de las instalaciones susceptibles de rehabilitación.
“Claro que el costo importa, pero para un país y para cualquier industria la confiabilidad, la calidad y la continuidad de la energía pueden tener todavía más peso”, enfatizó Vásquez.
Bajo ese criterio, la recuperación de infraestructura existente, la incorporación de renovables, el almacenamiento y la modernización de las redes forman parte de una misma estrategia. “La solución está en una matriz diversificada, mantenible y resiliente”, concluyó el consultor.