Este empresario de reconocida trayectoria consideró que las grandes discusiones sobre hidrocarburos y combustibles deben darse en el Congreso de la República. Propone llevar gasolina a $9.500.
En Colombia los problemas no son pocos y las equivocaciones en el manejo de la política económica se han hecho visibles porque los errores y pésimas decisiones siguen pasando una onerosa factura de cobro. El país se casó con el inconveniente modelo económico trazado desde Washington, allí por unos prestamos inhumanos y totalmente enemigos del progreso algunos gobiernos le siguieron el juego a los encopetados de Wall Street, vinieron los obsequios llamados privatizaciones y el país empezó a perder activos con un factor sumamente desobligante a mayores ventas y extracción de recursos naturales, increíblemente superiores fueron los indicadores de pobreza, miseria y desigualdad, pero era capricho de los sabios gringos que hoy están al borde del colapso ya que con cada decisión del presidente de turno Estados Unidos se va pareciendo más al apocalipsis, de un lado hay serias fracturas en el Congreso y ni que decir en la sociedad. Como si fuera poco, el dólar se mira con desconfianza y los agentes del planeta ya miran alternativas, verbigracia los BRICS, la Unión Europea y claro está, China.
El asunto no debe asustar porque durante décadas tuvimos mandatarios obedientes, poco listos en el manejo fiscal, pero eso no fue un apuro en vista que la Casa Blanca enviaba las directrices y durante décadas, Colombia tuvo presidentes reverenciando al señor James Monroe, el quinto presidente de Estados Unidos, una persona multifacética puesto que empuñó armas en aras de la independencia, estudió derecho, fue Senador, embajador en Francia, gobernador, secretario de estado y secretario de defensa, este ilustre hombre nacido el 28 de abril de 1758 en el condado de Westemoreland en Virginia y fallecido el cuatro de julio de 1831, dejó un legado oscuro para América Latina, este político fue el mismo al que se le ocurrió aseverar que ninguna nación europea podría intervenir en el continente bajo la premisa “América para los Americanos”, pero con el tiempo la Doctrina Monroe se convirtió en un instrumento de intervención estadounidense en Latinoamérica, región llamada desde entonces el “Patio Trasero”.
Del tema mucho se ha hablado mucho, pero hasta el menos ilustrado sabe que esta política no fue solo abusiva sino lamentable, este personaje borró irónicamente las luchas independentistas de Bolívar y San Martín, obvió los muertos que puso el proceso de emancipación y desconoció las repúblicas libres, sencillamente declaró un nuevo reinado en las Américas, mandato lleno de señalamientos, mala fe, incursiones luctuosas y políticas oscuras en total detrimento del hemisferio sur.
La situación demandaba revisión y posición porque los países centro y suramericanos encontraron obstáculos para su desarrollo, cualquier obra o iniciativa tenía que pasar por Washington y por los créditos usureros de la banca multilateral con sede en la capital de Estados Unidos. Así se perdió Panamá, de esa manera llegaron derrocamientos y dictaduras, todo un caos con el sello perverso del Tío Sam.
Colombia tuvo momentos amables en su industria, el comercio fluía y todo era armonía hasta que al señor César Gaviria Trujillo se le ocurrió la Apertura Económica, vigente desde 1991, la misma que produjo la aniquilación empresarial más brutal del país, un desempleo espantoso y un rompimiento en el tejido social alarmante porque era mejor importar que fabricar. La tesis neoliberal no escuchó a nadie, fue impuesta sin anestesia y después de 30 años Colombia vive sobre los escombros de lo que fue su aparato productivo, crecieron las compras en el extranjero, asunto que atomizó el empleo y entregó el país, habida cuenta que llegaron las privatizaciones, muchas a bajo costo, las concesiones y la entrega de los recursos naturales. Estados Unidos sacó todo el provecho, finalmente fue el promotor del libre comercio del que nada quiere saber hoy.
Con toda seguridad Colombia ha abusado de su resiliencia, las reformas hechas en el siglo pasado fueron un fracaso, la salud fue contaminada con intermediarios, el campo siguió en medio del abandono, las empresas quedaron sin doliente, todo ese cúmulo de horrores estalló y hoy se miran fórmulas para apagar el incendio, no se puede culpar a los últimos gobiernos porque cuando llegaron ya el mal estaba hecho, aunque algunos bailaron en la fiesta, que no se nos vaya a olvidar que no pocos aplaudieron las medidas y luego permitieron que se impusieran unos tratados de libre comercio totalmente estériles. Algunos aseguran, y son voces exógenas, que no hubo negociación, tan solo se asintió en una mesa en donde estuvo inicialmente Robert Zoellick y Regina Vargo en 2004 como representante estadounidense en los comienzos de las citas que terminaron con un TLC que hoy tiene a muchos temblando.
Luego de 14 rondas que demandaron más de dos años se firmó el acuerdo con Estados Unidos el 22 de noviembre de 2006, luego entró en vigencia el 15 de mayo de 2012 sin que haya resultado muy amable para Colombia, hay reclamos, quejas y críticas porque cómo bien lo dijo la ex viceministra de Comercio Claudia Uribe, Colombia tan solo sabe exportarle a Bogotá, nada lejano a la realidad.
Hoy tenemos empresarios valientes que han contribuido en el desarrollo del país, es innegable que algunos hombres de negocios pusieron su parte para permitirle a Colombia alcanzar estándares admirables de progreso. No todo es señalamientos, es cierto, la corrupción ha carcomido o devorado oportunidades, pero para eso hay antídotos y se necesitan. Alguna vez el fallecido Senador Víctor Renán Barco en una charla muy al sabor de la mandarina traída de su finca me dijo, no hay que matarse la cabeza, cada reforma tributaria es un esfuerzo de la nación para remunerar los huecos que deja la corrupción, y sí que tenía razón.
Una de las soluciones está ahí, ponerle freno de mano a los delincuentes que se roban el dinero de los nacionales, recaudar con eficiencia y crear al amparo del consenso una fórmula ganadora que aumente los ingresos bajando tarifas. Nada es imposible, la voluntad y la inteligencia lo logran todo.
Después de este contexto nada más agradable que hablar con los empresarios, con los que saben y a quienes les duele cada medida estatal, han sobrevivido a todo, muchos colapsaron, pero hay pymes y empresas audaces de gran tamaño que siguen creyendo, solo que ahora lo quieren hacer bajo unos términos consecuentes y en favor de la golpeada patria. Nada más apropiado que dejar la oficina o la empresa por un momento para ir al legislativo, proponer y reconstruir país, el mismo que pide reindustrialización, llegada de capital y negocios serios que le dejen utilidad a Colombia, unas propuestas que tienen asidero y que actualmente solicitan respaldo.
El reconocido empresario Luis Elías Quiroga Arjona, un hombre de enorme reputación en el sector petrolero le dijo a Diariolaeconomia.com, que Colombia no puede darse el lujo de tener petróleo en el subsuelo sin actividad exploratoria justo en momentos de dificultad económica por cuanto más allá de los apuros ambientales que en efecto existen, hay un plazo para extraer crudo y pagar las cuentas, una de ellas deuda externa y política social con lo cual se evita el despojar a los ahorradores de sus cuentas pensionales o acudir a los préstamos de la banca internacional.
Agregó que actualmente con el gobierno del presidente Petro no se han firmado nuevos contratos de exploración y producción, recalcando que es importante reactivar la industria porque de lo contrario a la vuelta de cuatro o cinco años Colombia se verá forzada a importar petróleo para sus refinerías, otro riesgo cercano, pronosticó el inversionista, es la compra de derivados del crudo como gasolina o Diesel en el mercado foráneo a precios internacionales.
Frente a una realidad que pide explicación gubernamental en el sentido de que hay en la actualidad entre 350 o 400 contratos de exploración firmados en donde tan solo menos de 10 están en operación, el respetable ingeniero aseveró que se hace necesario averiguar cuál es la razón exacta por la cual no se han podido desarrollar esos bloques, pero no descartó que haya un abanico de causas como licencias ambientales no aprobadas, impases de tipo social, pero también la incertidumbre que reina en el mercado por la inestabilidad en los precios. Otros temas que pueden influir en el freno reportado y que impactan los contratos, dijo, tienen que ver seguramente con la coyuntura política local, las elecciones, las nuevas reglas de juego lo que también involucra el acertijo geopolítico, quizás el que más inquietudes genera, todos temas espinosos que una vez queden despejados conllevarán a los análisis de rigor para que los empresarios decidan si hacen o no inversión para el desarrollo y cumplimiento de esos contratos.
Sobre temas petroleros, el ingeniero Luis Elías Quiroga Arjona manifestó que hay reservas contingentes que no se han desarrollado por temas de licenciamiento ambiental y por falta de seguridad jurídica que puede haber en Colombia en el momento actual.
El ingeniero de petróleos dijo que decidió lanzarse al ruedo político para impulsar desde el Senado de la República nuevas iniciativas para darle viabilidad económica, empresarial y social al país a través del grupo significativo ciudadano, Colombia Segura y Próspera, una forma de llevar voces de la industria y todo el sector real a una nación que no puede seguir apostándole a polarización y por eso el eslogan de la campaña es muy diciente, “Unidos o jodidos”.
“Nuestro principal objetivo es reactivar la industria petrolera y hacer un diagnóstico concienzudo de cuáles son las razones por las cuales lo que se ha firmado no se ha desarrollado. Estoy convencido que hay que firmar nuevos contratos para poder explorar nuevos yacimientos, pero dándole eficiencia al trámite de las licencias ambientales para que las conocidas reservas contingentes se puedan desarrollar”, expuso el respetable empresario.
A juicio del conocedor, Colombia necesita que vuelvan los inversionistas, las empresas cargadas de conocimiento y reputación, es perentorio, sostuvo, abrir la puerta a la experiencia y a las estructuras empresariales enfocadas en los hidrocarburos tal y como aconteció con Caño Limón, Cuasina y Cupiagua. A criterio de Quiroga Arjona hay que estimular nuevamente la inversión extranjera y nacional en temas de exploración petrolera y de gas para lo cual es urgente levantar el actual veto de no firma de contratos y por eso recalcó que la primera decisión técnica y jurídica es suscribir nuevos pactos y por esa ruta reactivar pozos inactivos que hoy están abocados a ser abandonados lo cual sería lamentable porque en lugar desentenderse de los campos lo ideal es reavivarlos para generar una producción incremental.
Asimismo, señaló el empresario, es prudente explotar otro tipo de energías a través de los pozos ya perforados. Subrayó que es ineludible hacer exploración vía sísmica para volver a identificar prospectos que jalonen el descubrimiento de reservas.
Hoy Colombia está viviendo del recobro mejorado, de la producción incremental que consiste es escurrir los pozos que dejaron de ser altamente productivos, un ejemplo es La Cira-Infantas, un pozo de comienzos del siglo pasado, más exactamente de 1918, el pionero de la industria en Colombia en Barrancabermeja que sigue en explotación al igual que otros como el de Tibú, Norte de Santander. Otrora Concesión Barco.
En Colombia, dijo el ingeniero, hay muchos campos marginales que necesitan su rápida reactivación, pero refrendó que para eso es necesario cambiar la voluntad política actual del gobierno nacional. El país, aseveró, necesita una verdadera política de Estado para los hidrocarburos, pero nada que dependa del capricho del gobernante de turno.
Colombia necesita reindustrialización y revisión de los TLC
Un tema que hace parte de la agenda del ingeniero Luis Elías Quiroga Arjona es el de la industrialización y reindustrialización de Colombia porque no es nada grato vivir del recuerdo o querer crecer en un mundo globalizado pensando solamente en lo que se pudo hacer, en su análisis hay tiempo de crear la política para darle oxígeno al empresariado, rodearlo, incentivarlo, protegerlo y animarlo a abastecer el mercado interno y generar oferta exportable.
En las cuitas, hablando del siglo XIX, estaban las rentas departamentales que canalizaban recursos con tabaco y aguardiente, cada región tuvo textileras, grandes factorías de confección y manufacturas. Bogotá y otras ciudades vieron nacer empresas de energía, bancos, zapaterías famosas y empresas de transporte que supieron para qué era el río. Con los años y en el siglo XX todo siguió creciendo, el café se afianzó como producto estrella de exportación, pero también bananos, flores e hidrocarburos por citar algunos sectores.
Por el café se lograron grandes avances, Colombia tuvo la Flota Mercante Grancolombiana, muy extrañada en tiempos de pandemia, mejor agricultura y proyección. En esos tiempos que se escriben en sepia estuvo el romántico ferrocarril, inmolado para darle paso a los camiones, de igual manera estuvieron las empresas de telecomunicaciones de la talla de Telecom y otras como la ETB en Bogotá y EPM en Antioquia.
Después de 1991 el país de las fábricas paulatinamente se fue quedando sin nada poque entre las importaciones, el contrabando en todas sus expresiones y el lavado de dinero y la carga impositiva inllevable, las fábricas y los comercios fueron inevitablemente bajando persianas.
En su plática, el ingeniero Luis Quiroga puntualizó que el país necesita la reindustrialización para fortalecer la transformación de todas las materias primas, pero dijo que de manera adicional debe haber un apoyo decidido al sector primario, es decir agricultura, ganadería y cría de especies menores, obviamente extender los incentivos a las empresas y revisar con todo juicio los TLC, una herramienta interesante para importar, pero que no tuvo en cuenta la importancia de sumar competitividad transformando los bienes básicos, aspecto que afectó a los industriales nacionales toda vez que algunos perdieron el punto de equilibrio, yendo a perdida, fenómeno que impactó la producción nacional.
Hoy se habla de Coltejer, Tejicondor y Fabricato como un buen recuerdo empresarial, pero también de General Motors Colmotores, Mazda, Supermercados Colsubsidio y otras firmas. Varias se fueron, la apertura, dicen algunos documentos conllevó en su primera etapa a la liquidación de 20.000 empresas esencialmente del sector Pyme que no pudieron con la competencia global. En la actualización hecha en 2024 el número es mucho más grande, los estudios afirman que más de 228.000 compañías pusieron el candado para siempre, cifra que será terriblemente enorme cuando se tabulen las empresas de calzado, textiles y confecciones, liquidadas por el efecto apertura y comercio chino. “Qué en paz descansen”.
Un asunto que no debe obviarse en Colombia es el cambio de mentalidad porque entre subsidios, asistencialismo y el paternalismo que se está fomentando, el país va camino al deslizadero y por ello, indicó, es necesario reindustrializar, garantizar sostenibilidad y generar empleo, de lejos el mejor auxilio toda vez que las personas y las familias dignifican su vida con un ingreso fruto del trabajo.
“Con los subsidios hay que aplicar el proverbio, no dar el pescado sino enseñar a pescar, de lo contario habrá un país lleno de vitalidad, pero desperdiciado y abrazado por la pereza y la improductividad, el mismo que espera que le llegue un dinero que no se ha ganado”, comentó el señor Quiroga Arjona.
El campo pide atención
Uno de los sectores con agudos líos es el agropecuario, hoy la ruralidad pide una mirada para poder salvar la producción que se hace sin rentabilidad, con una malsana intermediación y con el trato más inmisericorde e indigno con los labriegos que generalmente entran a las centrales de abastos con una sonrisa y salen llorando. Desde Colombia Segura y Próspera hay un compromiso con los productores y campesinos que son quienes al final garantizan la seguridad alimentaria, todo por muy poco y eso sin hablar de deudas, hipotecas y exigencias.
En opinión del ingeniero Quiroga Arjona, se requiere de centros de acopio y de transformación de la materia prima ya que si se agrega valor una vez se recolectan los productos, mayor utilidad habrá en los agricultores y ganaderos. Todo eso incluye a manera de bienes públicos, cadenas de frio, selección y tecnología para acelerar los procesos. Lo importante es cambiar el chip agrícola para quitarles el negocio a los intermediarios que son quienes se enriquecen con el duro trabajo campesino.
Es ideal, declaró el ingeniero, tener todo un esquema de comercialización para que los productores primarios vendan a buenos precios y con un a verdadera utilidad, un sitio que les permita recibir la remuneración de su actividad, una práctica que de lograrse redundará en mejores precios para los hogares porque como están las cosas hoy, todos pierden menos los señores de la intermediación.
Otro aspecto a tener en cuenta y que debe meterse en cintura son los altos costos de la tierra y el desbordado precio de los insumos agrícolas y pecuarios, básicamente herbicidas, fungicidas y fertilizantes que no ceden en su precio así el dólar esté barato. Lo mismo sucede con medicinas veterinarias, suplementos y otros bienes para la cría de animales de granja.
“Este tema de fertilizantes e insumos necesita una mirada profunda porque hay precios por fuera del alcance de los agricultores. Si hay que importar tenemos que hacerlo, ojalá subsidiados porque se trata de la producción de alimentos y materias primas, todo esencial para las familias y las industrias transformadoras”, precisó el muy amable hijo de Ibagué y del Tolima.
En la calle, un grueso número de ciudadanos dicen que Colombia no necesita un político en la Presidencia de la República sino un gerente, un ser justo, sin compromisos ni favores pendientes, todo un o una profesional que garantice gestión, experiencia y transparencia porque tristemente el país en manos políticas ha caído a niveles de ruina y extrema corrupción, habría que leer los informes de las Contraloría en donde este flagelo puede costar entre 21 y 50 billones de pesos anuales. Hasta hace unos pocos años, informe 2016-2022 los casos de corrupción abarcaron recursos que estuvieron en riesgo por valor de 137,6 billones de pesos, ocasionando graves daños en sectores de infraestructura, educación y salud, un daño para más de 15 millones de personas.
Aunque los datos no son estrictos, el cheque de la corrupción es demasiado grande y eso invita a revisar privatizaciones, concesiones, negocios estatales y desviación de recursos en los últimos 30 años, seguramente las escalofriantes cifras nos llevarán a tomar Epamin.
Todo lo anterior, explicó el empresario, hace que el estado deba cambiar su filosofía y la, manera cómo debe ser administrado porque está llamado a tener un criterio empresarial, corporativo y eficiente para que todos los proyectos productivos que se implementen generen recursos que permitan mantener un país que no solamente debe hacerse a punta de los ya desgastados y cotosos tributos, esa manera de pensar debe innovarse.
“Colombia no está para más tarifas o reformas tributarias, el país necesita impulsar proyectos productivos con apalancamiento para los sectores que lo necesiten y abriendo oportunidades laborales que permitan por más ocupación e ingreso que se mueva la economía. Adicionalmente, repito, hay que eliminar la política de subsidios y cambiarla por trabajo, ahorro programado, dignidad y futuro. La idea es que cada familia pueda hacer uso de su dinero para lo que necesiten, desde una calamidad hasta una inversión de alto beneficio”, dijo el experto en temas petroleros.
Es normal que al terminar un gobierno y empezar otro, se hagan los análisis de prioridad y en este caso la industrialización es algo definitivo porque al transformar materias primas hay empleo, dinámica, crecimiento y riqueza. Cada proyecto debe ser rentable y presentar excedentes para seguir alimentando nuevas iniciativas empresariales y de desarrollo, todo en favor de los inversionistas, la clase trabajadora y del mismo Estado, una meta que se puede dar con financiación adecuada, comercialización y todo un trabajo en sostenibilidad.
El ingeniero demandó mayor inversión y atención en conectividad puesto que la Internet es una herramienta que no les llega a todos los colombianos, algo incomprensible a estas alturas del siglo XXI en donde hay gente que puede quedarse en el campo si se le asegura conectarse con el país y el mundo. Las personas de la ruralidad, afirmó Quiroga, requieren de centros educativos, otros de salud y una verdadera recreación, todo un bienestar que redundará en un desempeño laboral de mayor agrado sin que se sienta la necesidad de abandonar las veredas o las fincas para ir a la ciudad.
Gasolina a $9.500, una de las banderas de la iniciativa empresarial
Es interesante ver que dentro de las propuestas de Colombia Segura y Próspera se busca fortalecer la soberanía energética para contar con mayores recursos eso para facilitar la baja en el precio de la gasolina que según la colectividad debe ubicarse máximo en 9.500 pesos por galón. La propuesta también apunta a la reactivación de la industria minera y la reestructuración integral del Sistema Nacional de Salud.
El ingeniero Luis Elías Quiroga Arjona acentuó que si bien aspira al Senado de la República quiere dejar claro que no lo picó ningún bicho politiquero, anotó que al cavilar sobre el país renunció a la indiferencia, algo que lo motivó al ejercicio para poner. Como lo deberían hacer todos los colombinos, su granito de arena y de esa forma actuar para devolverle a la sociedad lo que ha brindado, en el caso particular de Quiroga un voto a favor por el conocimiento y la experiencia, que unido con honestidad y compromiso país, facilitará hacer la tarea.
Invitó a los colombianos a ejercer responsablemente su derecho al voto porque no tiene sentido que el 54 por ciento quede en manos del 46 por ciento que sí va a las mesas de votación, decida por todo el 100 por ciento y por ello expuso que el país adolece de capacitación, información y sentido de pertenencia, algo que invita a que los nacionales salgan de su zona de confort para que puedan decidir el devenir de todos los colombianos, así voten en blanco.
Reiteró que el ejercicio que busca llevar una lista al Senado por el movimiento Colombia Segura y Próspera se hace de una manera diferente, sobre la base de los valores y alejada de las viejas costumbres políticas, hoy rechazadas por gran parte de la sociedad que sabe que es mejor votar bien que comer tamal una sola vez porque la poca plata que enciman se queda en la tienda en una sentada.
“Aquí no hacemos clientelismo, no alimentamos la burocracia y no usamos maquinarias, somos gente de Dios, trabajadora y con ganas de empujar país, por eso estamos invitando a los gremios y empresarios para que a través de sus proveedores de bienes y servicios como también de sus empleados y capitales semilla destinados a proyectos productivos, hagamos una gran convocatoria con el fin de que los compatriotas nos acompañen y así iniciar un cambio y una urgente transformación en Colombia”, enfatizó Quiroga Arjona.
Votar por el movimiento Colombia Segura y Próspera con su eslogan Unidos o jodidos es fácil porque se trata de un grupo significativo de ciudadanos que se inscribieron con firmas ante la Registraduría Nacional del Estado Civil como candidatos al Senado de la República. Esta colectividad tuvo un apoyo de 110.000 firmas de colombianos que le creyeron al proyecto y por eso todo está listo para las elecciones del Senado el próximo ocho de marzo. Se trata de una lista cerrada y se encuentra al lado izquierdo del tarjetón en la posición número siete de arriba hacia abajo con el logo de la planta en la mano y el sol radiante, al frente el nombre del movimiento Colombia Segura y Próspera. El elector tan solo podrá marcar con X el logo o el recuadro en donde éste se encuentra.
Remachó que la misión y el pilar fundamental de la colectividad es reactivar la industria petrolera para poder bajar los precios de los combustibles y evitar que Ecopetrol, la principal empresa del Estado sea cerrada en los próximos cuatro o cinco años cuando ya no tenga ninguna actividad por hacer sino se firman nuevos contratos de exploración y si no se explota eficientemente los yacimientos que actualmente se tienen en producción.
Quiroga dijo que votar por Colombia Segura y Próspera es respaldar no solo a los empresarios o inversionistas sino a los trabajadores del petróleo, a las empresas de transporte, igual a los proveedores de maquinaria y soluciones y a toda una cadena que impacta municipios, departamentos y país. Tan necesario es atender la propuesta que la Unión Sindical Obrera, USO, principal fuerza de trabajadores del sector petrolero, está de acuerdo con la reactivación de la industria como se lo hicieron saber al gobierno nacional al que invitó a autorizar proyectos de explotación de yacimientos no convencionales, mal llamados fracking para que la producción local actual de 720.000 barriles por día pueda aumentar por cuanto la idea es duplicar la explotación de hoy para que con esos excedentes de producción incremental se generen los recursos para brindarles a los colombianos estabilidad en el precio de los combustibles más unos ingresos adicionales que puedan ser invertidos en programas de responsabilidad social en el entorno en donde se hacen las explotaciones.
De igual manera se buscan recursos productivos destinados a la transformación e industrialización de parte del país. Dentro de las iniciativas está la propuesta y la generación de ideas para optimizar el país, las directivas de Colombia Segura y Próspera resaltaron que son amigos del diálogo, del consenso y de los puentes de entendimiento porque la idea es participar en la creación de la nueva Colombia sin polarización ni diálogos ofensivos.
Al ampliar su respuesta, Quiroga, un profesional con demasiada experiencia en el entorno petrolero, anotó que actualmente el país está llamado al diálogo y a la reconciliación porque no se pueden seguir fomentando odios, rencores y discriminación. Expresó que cada quien puede pensar como quiera, pero debe haber cordialidad y respeto en el sentir y la acción porque mientras no haya diálogo será difícil llegar al entendimiento, y la verdad, expuso, debe haber cabida para todos.