La salida inesperada de la cúpula directiva de Nucleoeléctrica Argentina (NA-SA) ha encendido las alarmas en el despacho nacional de energía. El recambio de autoridades ocurre en una ventana de tiempo crítica: Atucha I, la primera central nuclear de América Latina, enfrenta el inicio de su parada de reacondicionamiento técnico para extender su vida operativa por dos décadas.
La falta de definiciones claras sobre la continuidad del plan de obras, sumada al proceso de privatización que impulsa el Ejecutivo sobre los activos nucleares, genera un manto de duda sobre la disponibilidad de esos 362 MW de potencia base para los próximos inviernos. La ingeniería nuclear no admite vacíos de gestión, y cualquier demora en los contratos de suministros críticos para la central podría comprometer la estabilidad del sistema eléctrico en el Gran Buenos Aires.
La transición administrativa en NA-SA llega en medio de una puja por el control de la caja de inversión de la compañía, esencial para financiar las obras civiles y electromecánicas de la central ubicada en Lima. Mientras el Gobierno busca acelerar el ingreso de capital privado a la generación nuclear, los cuadros técnicos advierten que la extensión de vida de Atucha I es una prioridad estratégica que no puede quedar sujeta a los tiempos de una licitación de venta.
Perder la capacidad de generación nuclear en este momento obligaría al sistema a recurrir a combustibles líquidos importados, elevando el costo marginal de la energía y erosionando las metas de descarbonización. El mercado eléctrico observa con cautela este recambio, entendiendo que la soberanía energética de base está hoy en una zona de alta tensión burocrática.
Visión de Runrún Eléctrico
En nuestra visión, Atucha I es el “ancla” del sistema eléctrico argentino. No es solo una central; es la garantía de que siempre hay electrones fluyendo, independientemente del viento o el sol. Jugar a la política con la gestión de Nucleoeléctrica en pleno proceso de extensión de vida es una apuesta peligrosa.
El sector eléctrico necesita que NA-SA funcione como un reloj suizo, con o sin dueños privados. La verdadera autoridad energética se demuestra manteniendo los fierros calientes y la red estable; cualquier duda sobre la parada de reacondicionamiento de Atucha I es, en definitiva, una duda sobre la luz de los argentinos en 2026.